Muchos almacenes tienen instalados complejos sistemas de control de stocks, pero desde que la mercancía sale del almacén hasta que llega al destinatario final, se pierde dicho control y es donde aún se trabaja como en antaño:
albarán, recibo, firma, otra firma, etc, y a la vuelta, largo y tedioso esfuerzo de introducirlo al ordenador, para que todo cuadre.
Y es en ese momento donde aparecen los famosos ordenadores de bolsillo, más conocidos como PDA, para que, por ejemplo, se apunten los pedidos, anoten las entregas ya realizadas, obtengan comprobantes de entrega digitalmente o bien sean advertidos en tiempo real de cambios en el reparto. Al mismo tiempo estos datos llegarán en tiempo real a la oficina central, de forma que se pueda preparar el pedido para el día siguiente, controlando mejor el stock y proporcionando mejor servicio a la vez que se evitan errores de trascripción.
En definitiva se persigue una mejora del proceso, para ser más eficaz, rápido y fácil. Lo
que en consecuencia genera un gran ahorro en las arcas del empresario a medio plazo, ya que aparte de mejorar su competitividad con su competencia, se evita ciertos trabajos de DATA-ENTRY (introducción de los datos de los papeles al ordenador), errores de trascripción, etc. Los que se dedican a esto, saben muy bien de todos estos problemas y los costes que llevan asociados.

